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Programa “Justicia para todos” Caso “El descuartizado del Freezer”

diciembre 31, 2015

Para quienes estén interesados en el caso del descuartizado del freezer, del que antes publicamos parte del juicio oral, con las preguntas a este perito, agregamos el  programa “Justicia para todos” emitido por canal 13 que contiene entrevistas a los familiares , socios y amigos de victima y victimario, y también el testimonio del propio descuartizador.

Justicia Para Todos – El descuartizado del freezer

Comentario a una pericia realizada por el Dr. Francisco Javier Muñiz en el año 1833

septiembre 10, 2015

Agrego a nuestra colección de “Charlas Medico Legales”, un articulo de interés histórico, se trata de una pericia que efectuara en el año 1833 el Dr. Francisco Javier Muñiz. El Dr. Muñiz fue el primer profesor de la materia (1826), que se dictaba conjuntamente con “partos, enfermedades de los niños y recién paridas”.

(“Archivos de Medicina Legal”, Año XIII, N°2, 1943, pag 166)Dr. Muñiz

POR EL DR. ALFREDO G. FERRER ZANCHI 

Adscripto a la Cátedra de Medicina Legal Jefe de Trabajos Prácticos

Por creerlo de interés histórico médicolegal, transcribo y comento una pericia realizada en el año 1833 por el Dr.. Francisco Javier Muñiz, primer profesor de Medicina Legal. Al ser creado por decreto del Ministro de Gobierno Sr. Bernardino Rivadavia, el Departamento de Medicina en el año 1822, se incluyó en el plan de estudios Medicina Legal, que a partir del año 1826 se comenzó a dictar juntamente con “partos, enfermedades de niños y recién paridas”.

El Dr. Muñiz se ocupó casi enteramente de dictar partos y poco después abandonó su cargo de profesor de Medicina para dedicarse enteramente a los estudios de paleontología, donde sobresalió de manera notable, adquiriendo su nombre fama mundial. Esta pericia es la única publicación sobre temas de Medicina Legal rea­lizadas por el Dr. Muñiz, demostrando en ella que sus conocimientos y su criterio médicolegales eran bastante amplios.

El informe presentado por el Dr. Muñiz comprende dos partes: en la primera, se refiere al reconocimiento del cadáver y las carac­terísticas de las heridas que presenta y la segunda parte se refiere al examen del sitio en que fue hallado el cadáver.

Parte primera

EL MEDICO DE POLICIA DE LA SECCION

Luján, 6 de julio de 1833.

Al Sr. Comisario Interino de la Sección

Don Juan Antonio García

He reconocido el cadáver que está bajo los pórticos del Cabildo, el cual tiene dos grandes heridas hechas con instrumento punzante y cortante. La luna (por la cual ha sido degollado), divide completa­mente los órganos de la respiración, el esófago o tragadero), las arte­rias y venas principales que suben del pecho a la cabeza y tiene cinco pulgadas y media de longitud y cuatro) de profundidad.

La otra herida está en la parte media y lateral izquierda del pecho entre la tercera y cuarta costilla verdadera.

El instrumento ha penetrado profundamente en la cavidad pul­monar y algunos vasos sanguíneos. Esta herida tiene de profundidad cinco pulgadas y cuatro de longitud.

Ambas heridas las considero (esencialmente mortales y la primera debió serlo en el acto mismo de hacerse.

Dios guarde a V. muchos años.

Francisco J. Muñiz.

En esta primera parte el Dr. Francisco Javier Muñiz se concreta exclusivamente a describir las heridas que presenta el cadáver; tiene en cuenta las características del arma usada por el agresor y lo demuestra al decir que las heridas fueron hechas por un instrumento cortante y punzante.

Igualmente tiene en cuenta las dimensiones de las heridas y la situación anatómica de las mismas, aunque al referirse a la sección de los gruesos vasos del cuello no lo hace con términos técnicos.

No tiene en consideración la dirección de las heridas y la probable posición del agredido y del agresor ni tampoco en qué etapa de los fenómenos cadavéricos se encontraba el cadáver al ser hallado.

Llega a la conclusión que ambas heridas son esencialmente mortales, pero sin llegar a determinar cuál de ellas fue la primera inferida.

En el párrafo en que se refiere al estómago o tragadero, lo ha­ce para que los funcionarios policiales y judiciales que intervinieron en la causa comprendan la similitud de ambos términos.

Establece la causa de la muerte de manera precisa, después de haber realizado la autopsia, diligencia que muy rara vez se efectuaba en esa época.

Segunda parte del informe

EL MEDICO DE POLICIA DE LA SECCION

Villa de Luján, 26 de Julio de 1833.

Al Sr. Juez de Paz, D. Asencio Lezcano.

El infrascrito, en virtud del oficio de V. datado ayer para que pasara a la chacra al cargo de Cristóbal Martínez, donde se encontró un cadáver asesinado, de cuyas heridas certificó el que firma, y haga un prolijo reconocimiento de la dicha chacra, como del sitio donde el referido Martínez asegura hallarse una chaqueta, y un chaleco y como vestigios de sangre, y certifique el lugar en que deba haber sido perpetrado el asesinato: dice; que en la chacra al cargo de Martínez ha visto en la parte exterior de la pared en contigüidad con el marco de la puerta como a una vara y media del suelo, unas manchas de sangre que aparentan la forma de la extremidad de los dedos de una mano y de una parte de esta.

La impresión sanguinolenta es igualmente clara y superficial en toda su extensión: no aparecen ni goteras ni más cargado al borde inferior de las manchas, lo que manifiesta que ni la mano ni los dedos estuvieron empapados de sangre en el momento del contacto.

En el suelo de la cocina de la predicha chacra y en el mismo sitio en que se encontró tendido el cadáver, se ven en dos partes, una que probablemente corresponde frente a la herida del cuello y la otra a la del costado; señales bien perceptibles de sangre.

La primer mancha que se encuentra a la derecha entrando en la cocina (donde se dice tuvo el cadáver la cabeza), es de cerca de una cuarta de longitud e irregular en toda su circunferencia, tiene apenas trasversalmente la mitad de aquella dimensión.

La segunda mancha es más reducida y tan superficial como la primera.

Aunque no es dado al infrascrito determinar con exactitud la cantidad de sangre que contuvieron primitivamente las dos manchas existentes en la cocina, sin embargo, por los diámetros que se les observaron al tiempo del reconocimiento, apenas se les puede suponer a las dos, capacidad para una o dos libras de sangre, contando con la que aproximadamente absorbieran ambas superficies.

Esta cantidad de sangre no sólo es menospreciable en nuestro caso, sino que lo sería también respecto de una herida ordinaria, si al hacerla se hubiese dividido un vaso no más que dé un regular ca­libre y dejándose sin reparación.

Cuanto más insignificante no es un derrame de ésta naturaleza, en un hombre a quien si le dividen en un pulmón los vasos que distribuye la sangre en una mitad de! cuerpo y por la herida con que se le degüella se le vierte toda la que envia el corazón a la cabeza y la que de este órgano refluye al pecho?

No es exagerado asegurar que el pequeño cuarto en que se en­contró el cadáver debía quedar inundado con muchas libras de sangre.

Todavía hay más a este respecto.

Con aquella señal del asesinato en la cocina, falta también la que debía suministra la sangre salpicada por las paredes.

Nada más natural que un hombre joven a cuya vida se atenta, hiciera después de atado y si se quiere también aun después de he­rido, esfuerzos o por defenderse o para llamar en su auxilio a Mar­tínez, de quien lo separaba un débil quincho de viznaga.

Esfuerzos naturales y deliberados en el principio del conflicto y que seguidos de las violentas convulsiones que acompañan a aquel gé­nero de muerte, forman una doble causa para hacer efectivo aquel resultado.

Falta sólo añadir para complementar la demostración de este pun­to aunque no descubiertos en la cocina, aquellos signos del asesinato que se derivan de la presencia de la sangre derramada: ellos, hablan­do en rigor no excluyen (aun faltando) la posibilidad del hecho en aquel mismo sitio.

En nueve días que transcurrieron desde aquel en que se hizo el asesinato hasta el quince en que se reconoció la chácara, hubo tiempo de sustraer todo aquello que hiciera presumible allí la ejecución del crimen.

Esto es fácil, principalmente en un piso de tierra y en unas pa­redes del mismo material.

Nadie extrañaría ver removida la superficie de un suelo seme­jante cuando esto sucede al barrer todos los días: ni por consiguiente el que por este modo desapareciera la sangre que sobre él pudo ver­terse.

No sucede lo mismo en un piso enladrillado, y cuando las paredes son encaladas.

Estos son los únicos vestigios de sangre que en la chácara al cargo de Martínez ha encontrado el que firma, después de verificado un examen prolijo de las tres habitaciones de que consta, del patio y sus alrededores.

En un postigo de la puerta principal del rancho, he oído decir que se vieron también manchas de sangre: pero habiéndose extraído la puerta antes que se hiciera el reconocimiento de la casa, no puede el infrascrito certificar sobre su existencia.

De la chacra se le condujo al lugar en que aseguró Martínez hallarse rastros de sangre, una chaqueta y un chaleco.

Allí se encontraron efectivamente estas prendas y a distancia de cuatro o cinco varas de ellas y en un diámetro de media vara, señales inequívocas de sangre.

El trébol y el cargo contenidos en esta superficie estaban teñidos realmente, pero fue sólo sobre las hojas más exteriores que se notaron las manchas.

Las hojas inferiores, los tronquitos de estas yerbas y sus pequeños vástagos manifestaban su color natural.

si una superficie tan estrecha como la media vara hubiera re­cibido una copia tan considerable de sangre como la que debieron arrojar ambas heridas: ¿cómo es que los pastos que fueron apenas teñidos no se empaparon en su totalidad, teniendo tan sólo de dos a tres pulgadas de elevación?

la tierra no ofrecía en aquel caso grandes incrustaciones san­guíneas, resultado infalible de su contacto con aquel líquido?

Por el contrario, su faz compacta, conservando su color y uni­dad, indicaba no haber sido con nada humedecida.

Será justo observar que siendo el piso de la cocina igual al del campo (por ser ambos de tierra), hay sin embargo, entre uno y otro la diferencia que en aquel se pudo borrar impunemente cualquier signo de sangre por la razón que se apuntó más arriba, y en el campo sería imposible consignarlo sin destruir aquellos caracteres naturales de la tierra que se hallaron ilesos.

Por otra parte, estando aquel lugar rodeado de espacios total­mente desnudos de pastos, ninguna señal de sangre se descubrió en ellos, como era regular en la suposición de haberse cometido allí el ase­sinato, y ser necesario trasladar el cadáver a otra parte.

La chaqueta y el chaleco no suministran el más remoto indicio para juzgar que el individuo a quienes pertenecieron haya sido (si se le supone vestido con aquellas piezas), degollado ni aún herido le­vemente; al menos en el tronco y extremidades superiores.

Esta aserción se prueba con el hecho de no estar abierto el chaleco ni la chaqueta en el lugar por donde penetró el cuchillo en el costado, lo que no pudo dejar de haber sucedido atendiendo a la altura en que fue hecha la herida.

No obsta por el mismo motivo el suponer que el finado en aquel acto remangado, pues no es presumible (a no ser que se hiciese de propósito) que lo estuviera hasta el nivel de la tercera costilla ver­dadera donde fue la herida, mucha más cuando esta se inclinó del centro del costado hacia la parte posterior.

A más de esto ninguna señal de sangre de que la hubiera habido, de que fuese lavada o quitada de otro cualquier modo del chaleco y chaqueta ofreció la investigación escrupulosa que se hizo de ambas piezas.

Esta es Sr. Juez el resultado del reconocimiento facultativo prac­ticado en la chácara al cargo de Cristóbal Martínez y del lugar en que él aseguró hallarse una chaqueta y un chaleco y como vestigios de sangre.

Certificar sobre el sitio en que fue perpetrado el asesinato, es el otro extremo del oficio que resta por contestar.

Y es ciertamente doloroso no poder satisfacer este punto con la certeza y precisión que es de desear.

Pero faltando las pruebas sobre el hecho que quiere averiguar el Juzgado, no presentando los datos que se han podido recoger, ni ma­teria para conjeturar cual sea el sitio donde se ejecutó aquel delito enorme, el infrascrito se ve en la imposibilidad de comunicar al Juz­gado la luz necesaria para ilustrar su conciencia, y ofrecerle libre de los azares de la duda una declaración segura y decisiva sobre un he­cho de tanta trascendencia en el proceso.

Resumiendo pues cuanto se ha expuesto en este certificado, resultan las conclusiones siguientes:

1° En la cocina de la chacra al cargo de Cristóbal Martínez no aparecen señales de haber sido asesinado el cadáver, que se encontró allí la mañana del seis del corriente.

2° Tampoco se descubren en el lugar que señaló Martínez en el campo, a pesar de haberse hallado en él vestigios de sangre.

3° Si se prueba judicialmente que la chaqueta y el chaleco ha­llados cerca del mismo lugar pertenecieron al asesinado, éste lo fue precisamente estando sin estas prendas.

Al cerrar este certificado no debe omitir el infrascrito una cir­cunstancia que observó en el cadáver.

Tal fue de no tener manchadas con sangre las extremidades in­feriores, ni señales de haber sido lavadas estas partes.

Los pies principalmente cubiertos de polvo y en muchos puntos con lodo seco persuadían con evidencia no haberlo sido.

Si estos miembros no estuvieron estrechamente vestidos en el acto del asesinato (como parece no lo fueron al menos los pies), fue forzoso quedasen envueltos en la sangre de las heridas.

Al no estarlo induce vehementemente a suponer que el asesinato se consumió estando el individuo en una posición horizontal.

Dios guarde a V. muchos años.

Francisco J. Muñiz.

Comentarios a la segunda parte del informe

En esta segunda parte del informe el Dr. Francisco Javier Mu­ñiz, realiza una amplia inspección ocular del lugar donde fue hallado el cadáver; describe las características de las manchas de san­gre encontradas y por la imbibición con sangre de la tierra del piso de la habitación donde estaba el cadáver llega a la conclusión de que no guarda relación la sangre derramada en este sitio con la importancia de las heridas y luego con otros detalles a los cuales más adelante me refiero, tiene la certidumbre que el homicidio no fue perpetrado en ese lugar.

Recalca muy acertadamente que en el lugar en que fue ha­llado el cadáver no hay salpicaduras de sangre que se hubieran pro­ducido al ser seccionados los gruesos vasos del cuello y ‘encostrándose la víctima de pie.

El Dr. Muñiz llega a sostener con toda certeza, que la herida fue producida estando la víctima en posición horizontal, aunque no tiene en cuenta la dirección de las manchas de sangre que en los casos en que la víctima es herida en esa posición la sangre corre hacia las partes laterales del cuello y planos subyacentes, en cambio en la posición de pie la sangre corre hacia la parte anterior del cuerpo y abajo.

Tiene en cuenta la posibilidad de la supervivencia que puede producirse en los casos en que un sujeto es degollado. (El Prof. Dr. Nerio Rojas dice que por lo general, una herida que interesa órganos nobles, mata o inmoviliza rápidamente, estando en tercer lugar las heridas de los grandes vasos), pero descarta esta posibilidad a causa de que el cuerpo no está bañado en sangre, y además los pies presentan sólo manchas de lodo seco y se encuentran recubier­tos de tierra, faltando también el reguero de sangre que indica el movimiento del sujeto mientras la perdía.

la  que las ropas halladas cerca del cadáver, si le perte­necían no las tenía puestas en el momento de ser asesinado, pues además de no presentar manchas de sangre, no presentan perfora­ciones que deberían coincidir con la herida que presenta en el tórax.

En sus informes olvida el Dr. Muñiz de mencionar en qué eta­pa de los fenómenos cadavéricos se encontraba el cadáver al ser exa­minado; olvida asimismos de manifestar la posición en que éste fue hallado y cuáles de las heridas fue la primera inferida; no menciona la dirección de la herida que en los casos de homicidio es horizontal o de abajo arriba: tampoco informa si los bordes de la herida son regulares o no en los casos de suicidio son general­mente irregulares, debido esto a la emoción del sujeto que produci­ría movimientos vacilantes y poco seguros).

Aunque el valor científico no es extraordinario, he querido di­fundir entre los colegas esta pericia realizada por el Dr. Francisco Javier Muñiz en el año 1833 e incluidas en la obra de Domingo Faustino Sarmiento, titulada: “Vida y Escritos del Coronel Fran­cisco J. Muñiz” Esta obra la dedica Sarmiento al estudio de la vida científica e intelectual de esta personalidad argentina.

Para juzgar el mérito de este informe, se debe tener en cuenta el estado rudimentario de la Medicina Legal en nuestro país en aquella época y recalcaremos que esta pericia resulta muy superior a muchos informes de épocas posteriores.

Résumé

L’auteur. la considérant comme document intéressant au point de vue historique médico-légal en notre páys, présente et commente une expertise réalisée en l´année 1833 par le Dr. Francisco Javier Muñiz, premier professeur de Médecine Légale á la Faculté de Sciences Médicales de Buenos Aires. Ce travail, réalisé par celui qui devint ensuite un illustre paléontologue, prouve que ses connaissances et critérium médico-légaux étaient suffisamment étendus, si nous les considérons par rapport á l´époque et au développement scientifique dans notre pays.

EL Verdadero Juan Moreira

julio 7, 2015

Rebuscando en mi biblioteca literatura ilustrativa acerca de personajes históricos, que fueron hitos en la criminología argentina. Hallé en la revista “Archivos de medicina legal” – Año XIII, N°2 Mayo-Junio 1943, un articulo original del Maestro Nerio Rojas, titulado “El verdadero Juan Moreira”

La he incluido textualmente en nuestras “Charlas medico legales”, como pieza de interés para los estudios de la criminología.

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Libro Tanatología, Investigación de Homicidios – Digitalizado 2015

junio 30, 2015

Luego de mucho trabajo, está disponible para su descarga gratuita mi libro Tanatología, Investigación de homicidios.

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Hemos Resuelto el problema de las paginas faltantes y está en formato pdf.

Juicio Oral “El descuartizado del freezer”

febrero 1, 2015

En una nueva entrega de “Charlas Médicolegales” los invito a ver el juicio oral por el caso “El descuartizado del freezer”.

Noticia Sentencia

Catástrofe República de Cromagnón

diciembre 16, 2014

El signo de las catástrofes es su impredictibilidad y se caracteriza por ser súbito, imprevisto, con multiplicidad de víctimas y que escapa al control de las autoridades. Cuanto más organizado esté un país, mejor respuesta sanitaria dará y aunque cada tragedia solo es igual a sí misma, del análisis de un conjunto de ellas pueden surgir algunas conclusiones, claves para el buen manejo de una emergencia grave.

A las 3:50 AM de aquel infausto 30 de diciembre de 2004 se produjo el siniestro en “República de Cromagnón” , el patrón común fue un trípode fatal: Lugar cerrado y bloqueado, multitud de personas desesperadas y acaecido en un mismo intervalo, rodeadas por el fuego.

Hubo incendio y tumulto, pero no hubieron quemados ni traumatizados, con excepción de una niña de 16 años, Florencia Diáz, que falleció por aplastamiento toraco-abdominal, como resultado de la avalancha de las victimas que intentaban huir del lugar. El médico forense queda obligado a establecer con certeza la causa, el mecanismo y la manera de la muerte. Habían fallecido a como consecuencia de un síndrome descrito por Braud en 1991 en el Hospital Widal de París, lo llamó SINDROME LESIVO POR INHALACION DE HUMO” (S.L.I.H. en la nomenclatura internacional). La muerte se produce por efectos térmico-obstructivo-anóxico y por gases tóxicos e irritantes. Para resolver estas cuestiones, la Corte Suprema me designó como perito oficial ante el tribunal oral en lo criminal número 24 la tarea principal era un tema, hasta entonces no resuelto, las causas del fallecimiento de las 194 víctimas.

El sigueinte video muestra la discusión pericial en el juicio oral:

Profesor Emilio Pablo Federico Bonnet

diciembre 4, 2014
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Fue mi maestro. Más que un hombre, Fue un acontecimiento con rango de una descarga eléctrica, una situación nueva en la historia del espíritu. No hay mejor influencia para nadie que haber estado cerca de un gran hombre y recibir la formidable irradiación de un pensador en formación. Hay gentes que viven muy cerca de grandes hombres y ni se enteran. Porque sus almas no tienen la necesaria porosidad para recibir el fluido maravilloso de los mensajes espirituales de la grandeza de los otros.

Rebuscando en el cofre de los recuerdos, encontré hoy una fotografía del maestro, lo muestra disertando sobre un tema apasionante, su clasificación de  “personalidades anormales”. Eché la mirada atrás y recordé con nostalgia mis años mozos, lo recuerdo con su alta estatura, robusto y musculado, mentón firme y cabello recortado a la prusiana. Voz potente y vibrante, de gran alcance, recorría ágilmente toda la gama sonora; el tono era solemne y majestuoso como los acordes graves de un órgano. Las ideas eran brillantes, a veces enriquecidas con metáforas y articuladas con lógica. Su capacidad de síntesis era admirable. Su oratoria era tan perfecta que producía una especie de éxtasis en el auditorio preparándolo para recibir y aceptar lo que quería demostrar. Así eran las clases magistrales de medicina legal del Maestro Emilio Pablo Federico Bonnet.

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