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Inconsciencia patológica

noviembre 1, 2012

Introducción

En los últimos tiempos hemos tomado conocimiento por los medios de comunicación, de crímenes atroces, también de otros en que la psicogénesis emotivo-pasional parece jugar papel principal. No debe confundirse “emoción violenta” con “sujeto violento”, ni al psicópata, con “enfermo mental”. De allí la charla de hoy sobre los estados de consciencia.

Aspectos médicolegales de la emoción

“Emoción” deriva del vocablo latino “Emoveo”, que sugiere “movimiento”. Entiéndase reacción inmediata del ser ante una situación favorable o desfavorable. Resultan de gran interés médico legal las de carácter displacentero, capaces de alterar “intoto”, verdadero desequilibrio psíquico que puede derivar en “el huracán psicológico” como un raptus impetuoso y ciego, según lo expresa Ferri y que puede perturbar o anular, en el momento de un acto criminal, la sensatez y el juicio crítico del sujeto.

El hombre es responsable de sus actos por vivir en sociedad. No está solo. Lo rodea un mundo circundante, no solo lo geográfico, sino también lo socio-político-económico-cultural, que todos compartimos. Ello se agrega el mundo circundante particular: Familiar, laboral, escolar, etc. que es exclusivo de cada uno de nosotros. El hombre actúa en estos mundos y a la vez estos influyen sobre él. No es más, que “Yo soy yo y mi circunstancia” (Ortega y Gasset). Cuando la interacción hombre-mundo circundante, se traduce en vivencias displacenteras que sacuden su fondo anímico, el sujeto puede romper la norma legal y transformarse en delincuente.

La sensación (tacto, gusto, oído, olfato, vista) es el acto psíquico más elemental, consiste en la recepción de un estimulo, externo o interno, al que reconocemos (“Lo percibimos”), o sea, tomamos conocimiento con la percepción. Con la conjunción “sensación-percepción”, reconocemos, tomamos conocimiento del mundo circundante. A estos conocimientos, focalizados con la atención y fijados con la memoria. Serán valorados por el juicio, como favorables o desfavorables para nosotros, buenos o malos, correctos o incorrectos, lícitos o ilícitos, el sujeto discrimina, es capaz de diferenciar lo bueno de lo malo, representa la sensatez frente a situaciones reales.

Cuando en el momento del hecho, las sensopercepciones, la atención, la memoria y el juicio, estaban presentes, decimos que el sujeto estaba lucido o consciente, o sea, lo ha valorado con su juicio. Valga de ejemplo el espectador de una obra de teatro, está percibiendo con sus sentidos lo que ocurre en el escenario, tiene allí enfocada su atención y está fijando los detalles en su memoria. Comentará después si la obra fue buena o mala. O sea, ha juzgado.

Siguiendo a Ferrater Mora, entendemos por consciencia a “darse cuenta” de la realidad, “percatarse” de un hecho. O como lo define nuestro Maestro, el Profesor P.J. Bonnet: “Saber que se está haciendo mal en el momento del hecho”.

En el código penal argentino el individuo que en el momento del hecho  (lo cronológico), es capaz de comprender la criminalidad del acto y dirigir sus acciones, es punible. La imputabilidad es la capacidad de pena, o sea, la capacidad del sujeto de entender y de querer, debe poseer sanidad mental y madurez mental (excluye a menores) un menor de edad puede dirigir un asalto y robo a un comercio, pero, de acuerdo con la legislación de cada país, no comprende la criminalidad del acto, por lo tanto no es punible. El rústico, el inculto, el analfabeto, aunque no sea capaz de resolver ecuaciones matemáticas, comprende y distingue lo bueno de lo malo, ergo es punible.

El código no exige que el sujeto padezca determinada forma clínica de enfermedad mental para considerarlo no punible. Insiste en lo cronológico, que se produzca en el momento del hecho, en lo psíquico, que no pueda comprender, y en la voluntad, que no pueda dirigir. Porque hay estados fugaces de “alienación mental aguda” como la epilepsia, la emoción o inconsciencia, o la ebriedad completa. Esta última en el concepto de “ebriedad clínica” no solo comprende a la alcohólica, sino a la producida por otros tóxicos, infecciones como la encefalitis, traumas craneanos, trastornos metabólicos (uremia, diabetes, etc.).

Las alteraciones de la consciencia:

Para el lector no médico, trataré de simplificar en apretada síntesis y lenguaje claro, conceptos controvertidos y cambiantes, las vivencias del hombre de hoy, no son exactamente superponibles al hombre de 1930, ni este es igual al de principios del siglo pasado. La forma de sentir y pensar varía con el tiempo histórico. Decía Gregorio Marañón: “El hombre normal es el resultado de una estadística”. Con un criterio de “entrecasa” distinguiremos 3 alteraciones de la consciencia que  constituyen el meollo del problema. Son las siguientes:

  1. La anulación de la consciencia.
  2. La inconsciencia patológica.
  3. La crepuscularización de la consciencia.

1. La anulación del la conciencia:

En la anulación de la consciencia no hay vivencias. Es la desaparición total de la consciencia, la lucidez es igual a cero. Se trata de un síndrome clínico-neurológico grave, del cual el sujeto podrá o no emerger. Son los casos de anoxia cerebral, producidos por insuficiencias cardiorespiratorias de variada etiología, o las hemorragias masivas del sistema nervioso central, o la inmensa variedad de comas descriptos en los tratados de clínica médica: tóxicos, infecciosos, traumáticos, etc.

En estos casos el sujeto será víctima de delitos, pero nunca autor de ellos.

2. La inconsciencia patológica:

Es una formula médico-jurídico, no una determinada clase de enfermedad mental. La cuestión emana del artículo 34 del Código Penal, que pasamos a transcribir:

Art. 34.- No son punibles:

    1º. el que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de sus facultades, por alteraciones morbosas de las mismas o por su estado de inconsciencia, error o ignorancia de hecho no imputable, comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones.

    En caso de enajenación, el tribunal podrá ordenar la reclusión del agente en un manicomio, del que no saldrá sino por resolución judicial, con audiencia del ministerio público y previo dictamen de peritos que declaren desaparecido el peligro de que el enfermo se dañe a sí mismo o a los demás.

    En los demás casos en que se absolviere a un procesado por las causales del presente inciso, el tribunal ordenara la reclusión del mismo en un establecimiento adecuado hasta que se comprobarse la desaparición de las condiciones que le hicieren peligroso;

    2º. el que obrare violentado por fuerza física irresistible o amenazas de sufrir un mal grave e inminente;

    3º. el que causare un mal por evitar otro mayor inminente a que ha sido extraño;

    4º. el que obrare en cumplimiento de un deber o en el legítimo ejercicio de su derecho, autoridad o cargo;

    5º. el que obrare en virtud de obediencia debida;

    6º. el que obrare en defensa propia o de sus derechos, siempre que concurrieren las siguientes circunstancias:

        a) agresión ilegítima;

        b) necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla

        c) falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.

    Se entenderá que concurren estas circunstancias respecto de aquél que durante la noche rechazare el escalamiento o fractura de los cercados, paredes o entradas de su casa, o departamento habitado o de sus dependencias, cualquiera que sea el daño ocasionado al agresor. Igualmente respecto de aquél que encontrare a un extraño dentro de su hogar, siempre que haya resistencia.

    7º. el que obrare en defensa de la persona o derechos de otro, siempre que concurran las circunstancias a) y b) del inciso anterior y caso de haber precedido provocación suficiente por parte del agredido, la de que no haya participado en ella el tercero defensor.

Haciendo abstracción de “Error o ignorancia de hecho no imputable”, que es de interpretación netamente jurídica, pasaremos a comentar los tres apartados que son de indudable interés médico legal.

El primero resalta la importancia de lo cronológico: “en el momento del hecho”, o sea, exige al perito un diagnóstico retrospectivo, el estado mental del inculpado al tiempo de cometer el ilícito; no es fácil. El perito debe estudiar la causa en su totalidad, no solamente lo médico, sino también lo “no médico”, como el relato de los testigos, y la conducta del sujeto antes y después del hecho que consta en los informes policiales. Hay situaciones como en la epilepsia por ejemplo, en que el sujeto es examinado por el médico de policía o el de la guardia hospitalaria, “a poco de cometer el hecho” y lo encuentra “normal”. El segundo párrafo se refiere exclusivamente a los alienados, el meollo de la cuestión está en el tercer párrafo: “o por su estado de inconsciencia”.

Ello merece una mención especial que es la siguiente: El sujeto está en pie y actuando. La conciencia sigue existiendo pero no lúcida, sino confusa, incoherente y alucinada. Plena de vivencias anormales, angustiantes y terroríficas. Es la “desrealidad”, por ello, la amnesia es total.

El delito cometido en este estado tiene caracteres de instintividad y automatismo, es ilógico, absurdo y desprovisto de utilidad.

En el homicidio, agrede a quien tiene ante sí, sea amigo o enemigo, oponente o no oponente, conocido o no conocido. No puede seleccionar a una víctima, no puede ubicarse en forma idónea para agredir, ni disparar con puntería o recargar el arma o huir por el sitio adecuado. El homicidio es abrupto, “a cielo abierto” a la vista de todos.

En caso de robos, no puede seleccionar objetos, utilizar ganzúas o manejar vehículos. Un antiguo adagio médico legal dice: “no hace inconsciencia patológica quien quiere, sino quien puede” o sea, debe el perito hallar la causa morbosa o tóxica que la desencadenó.

En la actualidad los casos en los que puede acaecer el estado de inconsciencia han quedado reducidos a la ebriedad completa, la epilepsia y la emoción. Inconsciencia.

3. Los estados crepusculares de la conciencia:

Entendemos por “estado” a la situación en que se encuentra una persona o cosa. La emoción intensa puede provocar súbitamente un “déficit” (No desaparición) en la sensopercepción, la atención, la memoria de fijación (de allí la dificultad para evocar después) y por ende el “enturbiamiento” del juicio, en estas condiciones se pueden desencadenar reacciones primitivas, impulsivas (explosivas o en cortocircuito), o afectivas, como la cólera o el pánico.

De allí la denominación de estos estados: T.M.T.I. (Trastorno mental transitorio incompleto), “Crepuscularización” (ni día, ni noche), “Obnubilación” (Ver como a través de una nube).

Vale decir, la consciencia está “enturbiada” pero no desaparecida En los casos genuinos, el sujeto no niega los hechos, los recuerda parcialmente, como si relatara una vieja película.

A este estado se refiere el artículo 81 del código penal, que dice, “se impondrá reclusión de uno a seis años, al que matare a otro encontrándose en un estado de emoción violenta y que las circunstancias hicieran excusable”.

El comentario médico-jurídico resalta las siguientes premisas:

  1. No toda emoción violenta es atenuante de la pena. es necesario que se haya cometido en un estado de emoción intensa. Ello exige un discernimiento opacificado, dificultad para diferenciar lo bueno de lo malo y lo lícito de lo ilícito.

A ello se agrega la desorientación afectivo-emocional y témporo-espacial. La consecuencia es un estado subconfusional, que puede despertar reacciones primitivas impulsivas y en ocasiones el acto criminal.

  1. La sola irritación, el ardor de la lucha, o el arrebato de ira, NO son por si mismos causales de atenuación. Tiene que ser avasalladora, psicotraumatizante y dolorosa. O sea, un “justo dolor”, lógica, social y humanamente comprensible para el común de las gentes. Sintetizando, los motivos son esencialmente éticos y capaces de alterar profundamente la serenidad de una persona normal.
  2. Lo cronológico es muy importante para el Jurista, no se acepta la posibilidad de intervalo entre emoción y delito, ambos deben coincidir.
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11 comentarios leave one →
  1. Mirko Albano. permalink
    noviembre 13, 2012 00:12

    Estimado Dr. Raffo he leído su articulo, como siempre con gran interés, y me gustaría que me desasne de algo: si el menor no es punible porque desconoce la criminalidad del acto, ¿porque si lo es el analfabeto? acaso el menor, ¿no sabe reconocer lo bueno de lo malo?.
    Muchas Gracias y Mis Respetos.

    • diciembre 4, 2012 19:22

      El problema es semántico, no se trata de “conocer” sino de comprender (en el sentido de captar los valores y las consecuencias de su acto) la criminalidad del acto. Hay analfabetos adultos con excelente sentido moral y honradez y que comprenden o sea diferencian lo bueno de lo malo. El código de cada país establece la edad límite inimputabilidad, porque considera que por debajo de la edad estipulada si bien el menor puede cometer un acto ilícito no puede comprender que está haciendo algo malo. En una palabra, nuestro código penal equipara al menor de edad con el alienado mental.

  2. MIrko Albano permalink
    diciembre 5, 2012 01:56

    Perfecto Dr. ha sido muy explicativo como siempre. Agradezco su tiempo y predisposición siempre a educar.
    Un Cordial Abrazo!

  3. enero 3, 2013 02:23

    Estimado doctor: Le deseo a usted que tenga un buen año…!!
    Y le dejo una pregunta, entre tantas que uno le haria: En ciertos casos, una segunda autopsia descubre lo que no descubrio una primera. ¿Como es posible que un cadaver sea enterrado con una autopsia erronea o incompleta? Como es el caso de, por ejemplo, batistino, expuesto en el programa “forenses”, y en cuyo cuerpo se descubrio una gran cantidad de veneno durante la reautopsia. veneno que no fue detectado obviamente en una primera instansia. Bueno. Saludos. Y espero ancioso la oportunidad de asistir a una charla o congreso, con su presencia, para poder saludarlo en persona. No se olvide de mi… !!
    Diego Orueta.

    • Diego Marcelo Orueta permalink
      enero 3, 2013 02:37

      Una cosa más: Leyendo este ultimo informe suyo, he de suponer que todos somos potensiales victimas y potenciales victimarios. Todos decimos “no” a la pregunta ¿vos matarias?… pero la verdad es que solo las circunstancias… sujetas al factor “tiempo”… dan una respuesta verdadera. Pues las emociones, son algo clave, y más aún, en un ser vivo tan complejo, como lo es el ser humano. Disculpe mis preguntas tan engorrosas, pero asi aprendo.

      • DIEGO MARCELO ORUETA permalink
        enero 3, 2013 02:44

        Doctor Raffo:
        Que tenga usted un buen año !!
        Es mi deseo
        Diego Marcelo Orueta

      • enero 10, 2013 20:17

        Estimado Diego, muchas gracias por tus buenos deseos. Lo mismo para vos.
        Un cordial saludo,

        Osvaldo Raffo

      • enero 10, 2013 20:16

        Con respecto a tu segundo interrogante te respondo con una frase muy conocida del médico y filosofo Ortega y Gasset “Yo soy yo, y mis circunstancias”.

    • enero 10, 2013 20:16

      Estimado Diego:
      Con respecto a tu primera pregunta, vinculada a los errores cometidos en las autopsias medicolegales te respondo:
      La medicina legal es medicina al fin, y la responsabilidad medica sea por imprudencia negligencia o impericia le es aplicable aun con mayor razón.

  4. durbas f permalink
    julio 2, 2013 00:09

    Estimado Dr. RAFFO.
    Quisera agradecerle por compartir su conocimiento y experiencia con nosotros. Le comento que investigo incendios y realizo pericias; ( bombero voluntario) Actualmente me encuentro escribiendo un libro sobre los incendios provocados con acelerantes, queria saber si se lo puedo enviar para que me de su opinion.
    Saludos coordiales

  5. agosto 27, 2015 21:08

    Gracias profesor Raffo por su inestimable generosidad porque nos colma de placer el considerarnos de su interès al punto de brindarnos sus inagotables conocimientos…..mi admiraciòn y respeto como siempre

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